Con cada cambio de estación, nuestros ritmos se transforman. Luz, energía, interacciones sociales: todos estos parámetros influyen directamente en nuestro equilibrio interior. Si bien estas transiciones parecen naturales, también pueden debilitar, a veces de manera inesperada. ¿Cómo explicar estas variaciones de humor? Y, sobre todo, ¿cómo apoyarse en nuestro interior para superarlas mejor?

¿Observa en sus pacientes un impacto debido a los cambios de estación?

Sí, muy claramente, especialmente al acercarse el invierno. Hay períodos en los que las citas aumentan notablemente, en particular alrededor de noviembre, y luego en enero y febrero. Algunos pacientes incluso anticipan este período. Saben que el corazón del invierno será difícil para ellos y prefieren venir a consulta antes, a partir de enero.

El período invernal no crea necesariamente nuevas dificultades, sino que tiende a amplificar las que ya están presentes. Es una estación en la que ciertas fragilidades se vuelven más visibles, más difíciles de contener.

La cuestión de la luz juega un papel importante. Recuerdo en particular un período marcado por un verano particularmente lluvioso, seguido de un invierno con muy poca luz solar. Muchos pacientes expresaban una forma de agotamiento, con la idea de no haber podido «recargarse» durante el verano. Abordaban el invierno ya fatigosos, con la sensación de estar al límite.

Normalmente, el tiempo no es un tema central en las conversaciones terapéuticas. Pero ese año, ¡hablamos mucho del tiempo!

¿Observas los mismos efectos al pasar del invierno a la primavera?

El paso del invierno a la primavera es un período que puede ser igualmente delicado, pero por razones distintas. A diferencia del invierno, cuando está socialmente aceptado no sentirse bien, la primavera y el verano vienen acompañados de una especie de mandato implícito a ser feliz.

El regreso del sol, los días que se alargan, todo parece invitar a sentirse mejor. Sin embargo, el cuerpo y la mente necesitan tiempo para ajustarse. Esta transición puede vivirse como algo brusco. Pasamos de un ritmo más interior, más lento, a una dinámica orientada hacia el exterior, con más exigencias.

Algunas personas pueden sentir una especie de desajuste. Donde el contexto incita a salir, a ver gente, a ser activo, ellas no se sienten necesariamente en sintonía con esa energía. Esto puede generar incomodidad, incluso una forma de ansiedad social.

Tampoco hay que olvidar los aspectos más físicos, como las alergias, que pueden acentuar la fatiga o la irritabilidad. Finalmente, aunque la primavera a menudo se asocia con un renacimiento, también puede poner a prueba el cuerpo y la mente.

¿Qué papel puede desempeñar la organización de su interior y su entorno en la forma en que vivimos estas transiciones estacionales?

El interior puede desempeñar un papel muy importante, especialmente cuando uno no se siente preparado para mirar hacia afuera. Traer la primavera a casa puede ser una forma suave de acompañar la transición, sin forzarse.

Invertir en el interior de uno mismo ya es una señal positiva. Traduce una forma de impulso, un deseo de cuidar el propio entorno y, por lo tanto, de alguna manera, de uno mismo. Esto puede manifestarse en gestos sencillos, ajustes en la decoración, vajilla, textiles, o incluso en el hecho de permitirse algunas compras de placer, ya sean reflexivas o más espontáneas.

La limpieza de primavera, por ejemplo, tiene una fuerte dimensión simbólica. Se trata de hacer limpieza, de salir de la acumulación propia del invierno y de abrir un nuevo espacio, más ligero. De hecho, encontramos esta idea en algunas tradiciones, pienso especialmente en China en el momento del Año Nuevo.

Finalmente, incluso a pequeña escala, algunas actividades pueden tener un impacto real. La jardinería en un balcón, por ejemplo, puede proporcionar una sensación de control. Ver algo crecer, evolucionar, permite reconectarse con una forma de movimiento y creación.

El interior se convierte entonces en un punto de apoyo. Un espacio en el que se puede avanzar a su ritmo, sin presión, acompañando progresivamente el cambio de estación.